Elogio del funcionario

Hoy es un buen día para hacer un elogio público de los funcionarios.
Ayer supimos que el número dos de la Agencia Tributaria, un profesional de gran prestigio, Luis Jones, había presentado su dimisión por notables diferencias con su superior, un cargo político designado por el Gobierno.
Antes que él, dimitió el jefe de Inspección de la Grandes Contribuyentes, que dejó su cargo por estar en descuerdo con la decisión del director general de destituir a una inspectora que llevaba el caso determinado.
Las tres dimisiones, y las de otros dos jefes de servicio que parecen haberse sumado a la oleada, explica por qué son tan importantes en una democracia los servidores públicos independientes, funcionarios que pueden dimitir o ser removidos de su puesto por orden superior, pero que no pierden su puesto de trabajo, ganado en duras oposiciones. Es esa condición la que garantiza que en la Administración existan personas cuyo principal cometido es asegurar el cumplimiento de la legalidad.
Imaginemos una Agencia Tributaria en manos de personas que puedan ser puestas en la calle, despedidas, por sus jefes. Los ciudadanos necesitamos saber que el funcionamiento cotidiano de la Administración está confiado a funcionarios, capaces de resistir las presiones políticas.
Y eso es lo que está sucediendo en la Agencia Tributaria. Funcionarios que defienden su condición de servidores públicos. En una época tan falta de ejemplos, nos están dando algo de lo que estar orgullosos.
La mirada de Soledad Gallego Díaz. 5/12/2013

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