Se podría decir que durante casi dos semanas los madrileños han soportado una huelga de limpieza, en silencio

Y con su silencio, con su actitud comprensiva y su paciencia, han demostrado, mayoritariamente, un apoyo testarudo a los huelguistas, que se negaban a aceptar despidos y que al final, han demostrado que existían otras posibilidades, que no suponían dejar en la calle a 1.134 trabajadores.
¿Pedirán perdón los responsables de las concesionarias a los madrileños por haberles obligado a soportar una huelga que no se hubiera producido con una actitud menos prepotente?
¿Pedirá perdón la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, por haber mirado a otro lado durante tantos días, con la esperanza de que los madrileños se alzaran contra los huelguistas?
Sólo cuando comprobó que ese rechazo no se iba a producir, que, con los dientes apretados y la nariz taponada, la ciudad iba a resistir tanto como los huelguistas y que el encono de los madrileños no se dirigía contra los basureros, sino contra ella misma, exigió a las empresas el acuerdo.
La pregunta que se plantea ahora es: ¿cuántos despidos masivos se hubieran podido impedir negociando alguna de las decenas de salidas intermedias que existen en los países civilizados antes que permitir que el desempleo llegue al 26% de la población activa?”.
La mirada de Soledad. 18/11/2013
Basura Botella

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